sábado, 2 de mayo de 2009

Recuerdos del presente

El abrazo duró lo que tenía que durar. Una eternidad de veinte segundos fue suficiente para llevar a cabo ese gesto. Habían dado comienzo a ese final que no debía prolongarse más de lo necesario. Las diapositivas del alma comenzaron a sucederse a una velocidad incontrolable, enloquecedora. Un tiempo paralelo se desarrollaba en sus conciencias, vertiginoso. Las imágenes se superponían formando figuras monstruosas; las voces se mezclaban dando lugar a una especie de aullido, a un sonido inarticulado. Cuerpos extraños disfrazados de otras voces se presentaban como difusos fantasmas de un pasado que parecía pertenecer a otros. ¿Eran ellos? ¿Eran realmente ellos esos seres extraños que veían pasar como muñecos rotos y vueltos a arreglar? ¿Eran suyos esos gritos cuyo sonido ahora desgarraba sus oídos?
Ajenos a ese interminable y caótico desfile de rostros como máscaras de muecas y palabras, atormentados ante su propio pasado y afligidos por su presente, dieron final a este nuevo comienzo. Ahora sí el abrazo duró lo que tenía que durar y cada uno emprendió su propio camino, el mismo, por el que, de ahora en más transitarían abrazados eternamente de cuerpo y alma.
L.R

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